Las
aceitunas llegan al molino diariamente y se inspeccionan para
asegurarse de que se encuentran en perfectas condiciones para
garantizar la buena calidad del aceite. A continuación
se limpian de hojas e impurezas procedentes de la recolección.
Después se pesan y se almacenan para lavarlas y elaborar
el aceite.
Este proceso se realiza en un tiempo
muy breve para no dañar la aceituna y evitar que haya
alteraciones de acidez y sabores anómalos.
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